Durante una competencia regional de levantamiento de pesas, Rubén sintió que su codo izquierdo resintió el peso levantado, volteó a ver a su entrenador Rodolfo Hernández y le dijo con tono de quien sabe que algo no está bien:
-Rodo, creo que me lesioné-
No fue una escena impactante, parecía que era una lesión menor, pero el resultado de la resonancia magnética reveló el grado de problemática: ruptura de ligamento colateral medial de codo izquierdo.
Lo peor no fue la lesión, sino que lo dejó en automático fuera del ciclo olímpico, un escenario en donde todo atleta de alto rendimiento sueña con competir.
Pasaron por su mente escenas desde el inicio en el que, por vez primera, a la edad de 13 años, ingresó al gimnasio ubicado en la escuela de Vanguardia, en la colonia Las Joyas en el municipio de León, Guanajuato; recordó el momento en que le dijo a su mamá que iba a entrar al equipo que entrenaba el profe Rodo y también cuando compitió en etapa estatal y regional hasta alcanzar sus primeros logros.
Pero la ilusión de ganar su primera medalla nacional quedó junto al chasquido que había provocado la lesión. Para un pesista, es el equivalente a que a un corredor le quiten una pierna mientras aún está corriendo.
«Fue devastador», confiesa Rubén. «Pasas años sacrificando fiestas, salidas con amigos y descansos, para sentir que en un segundo tu carrera deportiva se puede acabar».
Tanto en su proceso de formación como deportista, y en el duro trance de recuperación tras la lesión, Rubén tuvo el apoyo de la Comisión de Deporte del Estado de Guanajuato (CODE) que, a través de su entrenador, dieron puntual seguimiento de la salud del joven atleta.
Lejos de verse derrotado, Rubén se dijo a sí mismo: estaré compitiendo en las Olimpiadas Nacionales de la CONADE en el 2026 y ganaré una medalla.
De aquel abril del 2025 hasta ahora hay decenas de horas de rehabilitación, otras tantas de entrenamiento diario, apoyo incondicional de su familia y entrenador, frases de amigos cercanos que le ayudaron a no perder el rumbo y la fe a su religión.
Y es que, justo antes de levantar la pesa, en el momento en que él lo describe como un trance donde: «ves todo y no ves nada; escuchas todo y no escuchas nada», Rubén se persigna, y en la tarima, están su religión y él. No se trata de superstición, sino de confianza.

La escuela del esfuerzo
Rubén no es el típico atleta de laboratorios de alto rendimiento. Su fuerza también se forja entre los libros del sexto semestre de preparatoria en el SABES y los bultos de cal en las obras de construcción donde trabaja. Para él, levantar material de obra no es solo un empleo, es parte de un entrenamiento invisible que lo mantiene pegado a la realidad de su colonia en Las Joyas.
A pesar del entorno complejo en el que vive, Rubén no ve limitaciones. Mientras algunos ven en su colonia un índice elevado de riesgos, él lo ve como el lugar donde entrena, en donde se ha ido construyendo no solo física, sino mentalmente.
La esperanza del regreso
Lo que lo levantó de la plancha del quirófano, además de la fisioterapia diaria, fue su convicción.
«Si Dios destruyó tus planes es porque tus planes te pudieron haber destruido a ti», dice, citando una frase que se volvió su mantra durante los meses de brazo en cabestrillo.
Esa «revancha personal», como él la llama, lo ha llevado a recuperar los primeros puestos en las etapas estatales y regionales este año. La CODE lo tiene visualizado como un prospecto fuerte para la obtención de medalla.

Más que una medalla
Para este joven, que es el héroe de su hermano pequeño y el motor de su hermana (también pesista), la Olimpiada Nacional CONADE 2026 es el examen final. No busca el triunfo por el apoyo económico o los viajes; busca la certeza de que los sacrificios valieron la pena.
Esa misma confianza la tiene todo el equipo de pesas de la escuela de Vanguardia.
Cuando se le pregunta qué le diría al Rubén de hace diez años, se queda en blanco un momento, reflexiona y sonríe: «Que le siga echando ganas, que no se rinda… seguimos con el mismo sueño: ganar».
Hoy, el codo de Rubén está reconstruido con cirugía, pero su espíritu parece estar hecho de un material mucho más resistente que el acero cromado de la barra que sostiene con determinación.



