Cinco mundiales privada de la libertad: el fútbol mantiene viva la unión familiar
Isela ingresó a prisión cuando tenía 29 años, eso hizo que dejara de participar en el fútbol llanero en Abasolo, pero la pasión por el fútbol se ha mantenido intacta.
Isela “N” acaba de cumplir 50 años, tiene dos hijas y un nieto; y cada mundial le recuerda el paso del tiempo pero también las ganas de tomar mejores decisiones y volver a compartir la máxima fiesta del fútbol con su familia.
“Me gustaba jugar fútbol afuera, en la cancha grande. Todos mis hermanos son deportistas, yo empecé desde los 8 años y mis hermanos me decían que no tuviera miedo al balón, todavía estoy jugando”, cuenta la joven abuela y licenciada en administración de empresas, carrera que culminó privada de su libertad.
Aunque lo más emocionante ha sido ver jugar a la selección mexicana con el paso de los años, no olvida el Mundial de Sudáfrica 2010; estaba embarazada y sus compañeras la ponían a bailar “Waka Waka”, tema oficial de aquella Copa del Mundo.
Dentro del centro, el deporte continúa siendo parte de su rutina. Hace ejercicio cada mañana, y los días destinados a actividades deportivas, participa en partidos de fútbol o voleibol junto con sus compañeras.
Su familia sigue reuniéndose para ver los partidos, como lo hacía antes de ingresar al centro. Aunque ella no puede sentarse a su lado frente al televisor. Ahora al medio tiempo corre al teléfono para comentar las jugadas.
“Sé que no estoy con ellos, pero también sé todo lo que hemos aprendido, mis hijas están estudiando, son deportistas, se van a titular y me dicen que yo soy el motivo; que, pese a estar aquí he demostrado que se puede salir adelante”, añadió.


